Amsterdam: milagros y tentaciones.
Escribir sobre Amsterdam es muy fácil, hay tanto para contar. Escribir sobre Amsterdam es muy difícil, hay tanto para contar ….. ¿Dónde comenzar?
Amsterdam, milagros cotidianos.
Es domingo. Una de la tarde en punto.
En la Basílica de San Nicolás, frente a la Centraal Station de Amsterdam, se oficia la misa en castellano según el rito apostólico romano. Al templo suelen concurrir unos quinientos feligreses, incluídos una treintena de niños que se preparan para la primera comunión. También concurren algunos de los transexuales latinos que suelen animar las noches de la ciudad y los turistas, esos eternos desorientados y curiosos.
Somos todos hispano hablantes, mas no todos residentes legales en Holanda. A las dos de la tarde, en las escalinatas del templo, abre un mercadillo que ofrece arepas, queso de mano, chorizos, morcillas, empanadas y dulces criollos. Encuentro, sabor, amistad y noticias que se pasan de boca en boca.
En Amsterdam se habla inglés y el segundo idioma es el holandés o neerlandés. En el tercer puesto podemos colocar al castellano. Las estadísticas no oficiales dicen que en Amsterdam hay más de cincuenta bares, restaurantes y tiendas donde se habla castellano y, además se baila con pasión la salsa, el reagatton, el zouk, el tango y el flamenco.
Rojo, colorado, rosado.
Detrás de San Nicolás o Sinterklaas, el santo patrono de la ciudad desde el siglo trece, se halla la Oudekerk, la iglesia vieja, de este santo que no pudo eliminar la Alteración o Reforma al final del siglo dieciseis. El edificio de la Oudekerk es tan antiguo como Amsterdam. Fue reconstruído muchas veces, pero conserva la ubicación original.
Hoy es el corazón de De Wallen, la zona roja, el barrio de las luces rojas, las famosas vitrinas. En holandés el verbo wallen signifca caer, caer en la tentación. A un lado de la Oudekerk está el Prostitucion Information Center, PIC, una organización civil que da información sobre los servicios sexuales que se prestan en Amsterdam.
El PIC es una iniciativa de la ex prostituta holandesa Mariska Majoor. Su serena belleza combina con el local que ofrece souvenirs eróticos, impresos en varios idiomas y la valiosa información que ofrece su experiencia. El centro responde preguntas de los que desean ofrecer servicos sexuales, de quienes los buscan y también de los curiosos, que tienen los deseos bajo control pero desean conocer los detalles.
Suele andar por allí una rubia curvilínea llamada Petra. Ella es la presidenta del gremio de las prostitutas, la institución que lucha en la prevención de las enfermedades de transmisión sexual y ofrece asesoramiento en temas legales e impositivos de estas trabajadoras y trabajadores independientes.
Las vitrinas donde se exhiben las prostitutas funcionan los siete días de la semana durante las venticuatro horas. Estos cubículos se alquilan por horas en períodos de 8 horas. Hay un pedestal de mampostería donde se coloca un colchón, un lavabo y un water. El espacio sólo tiene lo básico y la limpieza es perfecta pero sin lujo.
En Amsterdam hay tres zonas rojas con este sistema, pero el grueso de la oferta sexual se halla en clubes, apartamentos, fiestas privadas y, por supuesto en Internet. Alrededor de la Oudekerk, y al lado del PIC, se ubican las meretrices de raza negra. Al otro lado pero escondidas en el laberinto de las callecitas transversales, hay veinteañeras del sur y del este de Europa.
Los bikinis son mínimos, asoma algún pecho que brinca libre fuera del corpiño. La actitud es provocativa, inclusive cuando una de estas mujeres manifiesta el desdén o simula que no presta atención. La espera es tensa, ellas suelen estar de pie desafiantes sobre los tacones larguísimos o sentadas en altos taburetes jugando con distintas poses. Hay puertas cerradas, entreabiertas.
A veces dos profesionales comparten un sólo puesto para ver quien se anima con la tarea y con el precio. Los hombres alargan la conversación: hay mucho detalle que los potenciales clientes quieren conocer. Los ojos exploran la anatomía y pareciera que Babel no tuvo tantos idiomas como los que aquí se escuchan. Hay momentos de paz en las calles cuando varios de los cubículos cierran sus puertas y se extiende la pesada cortina roja que da privacidad y permite que el acuerdo se ponga en marcha.
Se produce un vacío entre las cinco y siete de la tarde, hora de la cena, la única comida caliente que se suele tomar en Holanda, y el momento obligado de reunión familiar. El pago es anticipado y en dinero contante. El condón o preservativo es de riguroso uso sin excepción. Si hubiese algún incoveniente llega la policía, que siempre está presente con agentes si uniforme y con cámaras de vigilancia situadas en las calles. Fotos y videos en la zona roja están prohibidos.
¿Todos somos? O ¿Todos homos?
Cada año, en la primera semana de agosto, sin falta, se realiza la marcha del orgullo homosexual con un desfile acuático por Prinsengracht, un canal céntrico a orillas del cual se halla la Casa de Ana Frank, el museo más concurrido de Amsterdam. La barcas comienza a desfilar al medíodia y todo Amsterdam se instala en las margenes del canal para disfrutar el show de colores, desenfado, música, canto y baile.
En 2008 se destacaron las flores y las frutas. Los festejos comienzan una semana antes y concluyen una semana después. Llegan homosexuales y lesbianas de todo el mundo y en las barcas hay nombres de empresas multinacionales que patrocinan el desfile de sus empleados homosexuales y lesbianas.
Sin embargo, la población gay de Amsterdam suma el cinco por ciento, unas cuarenta mil personas. Las fiestas son públicas y todos son bienvenidos.
¡Hasta la vista Amsterdam!
En la tinta quedan sin escribir miles de palabras relacionadas con los molinos de viento, los tulipanes, las bicicletas, el queso, los zuecos de madera, la cerveza, los diamantes, el rock and roll, el día de la reina, el arenque marinado, el panqueque gigante, los paños bordados, los barcos, la arquitectura, y quién sabe que más.
Amsterdam fue la ciudad del milagro medieval del año mil trescientos cuarenta y cinco y durante doscientos años atrajo peregrinos al estilo de Santiago de Compostela o Lourdes. Luego de la Reforma tuvo cien años de esplendor comercial y en aquellos años se construyó la ciudad histórica. Era el tiempo de Rembrandt y sus clientes judíos, el tiempo de los pioneros del Myflower que se reunían en la Noorderkerk, el tiempo en que los hugonotes soñaban con la Revolución Francesa.
Amsterdam, hoy, es solo conocida por el sexo, la droga y el rock and roll.
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