Allah, altísimo sea, oculta los pecados de sus siervos y no le agrada escandalizar a la gente. Con respecto a eso, el Profeta dijo: “el día de la rendición de cuentas, Allah se acerca a su siervo y le dice: ¿te acuerdas de tal pecado? Y ¿de ese otro? El siervo contesta: sí, me acuerdo. Allah le dirá: en la vida terrenal te lo he cubierto y ahora te perdono”.
A la luz de ello, el musulmán no puede propagar lo que aparece de defectos de los demás, de pecados, faltas ó errores, sino que debe cubrirlos y tratar de corregirlos muy sutilmente. El Profeta Muhammad dijo: “Allah es pudoroso y protector de sus siervos y aprecia al que goza de pudor y al que es protector se los demás”.
Cuando el Profeta del Islam quería corregir la actitud de un solo musulmán y que éste se encontraba entremedio de los demás, nunca nombraba al que había hecho la falta, sino que se dirigía a todos y decía por ejemplo: por qué hacéis tal ó cual cosa… El Profeta Muhammad actuaba de esa manera para no incomodar al musulmán que había hecho lo indebido y para que los demás no supieran quién fue el dueño de tal mala acción.
UQBAH IBN AMIR tenía un escriba y éste se avecinaba con gente que consumía el alcohol. El escriba comentó a UQBAH que quería dar aviso a la policía para detener a ese grupo y aplicarle lo que corresponde de pena. UQBAH le sugirió que no lo hiciese y argumentó diciendo que había escuchado al Profeta decir: la persona que ve algún vicio -de otro- y lo cubre, es equivalente al que ha dado vida a un muerto”.
Eso no significa que el musulmán deja de ordenar el bien y prohibir el mal, sino que el musulmán debe tratar una y otra vez antes de dar aviso a los demás y así escandalizar a su hermano a la primera vez de cometer la falta, pecado ó error. Es la sutileza del Islam y la benevolencia del Profeta Muhammad.
Se cuenta que OMAR IBN ALJAT-TAB, que Dios esté complacido con él, estaba entre sus amigos y se encontraba presente entre sí YARIR IBN ABDULLAH. OMAR se dio cuenta que alguien se le había escapado un gas y estuvo a punto de decirle que fuese a hacer la ablución. YARIR adivinó el pensamiento de Omar y de inmediato dijo: Príncipe de los creyentes, qué te parece si todos nos levantamos a hacer la ablución, puesto que se aproxima la hora de rezar. OMAR, por su parte, le agrado lo de YARIR y le dijo: Que Dios te recompense. Fuiste noble tanto antes como después de abrazar el Islam.
Así es el Islam, sutil, sublime y extraordinario.
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