Los tours de vino se han transformado en un clásico en Mendoza. Tanto residentes como turistas se suman a la experiencia de deleitarse con los sabores y las fragancias de esta bebida. Es así que las bodegas abren sus puertas y develan sus secretos. Mendoza es símbolo de vino, el mejor vino. Es por ello que las vacaciones en Mendoza proveen una oportunidad única de conocer los aspectos más fascinantes de la producción de esta bebida, sagrada y a la vez profana, adoptada por todas las culturas y clases sociales.
A sólo unos pocos kilómetros de la capital, en el área de Luján de Cuyo, se ubican varias de las bodegas más importantes en el país. La mayoría de estos complejos ofrecen visitas guiadas a sus instalaciones. Por lo general, este tipo de tours comienzan en Carmine Granata, una coqueta bodega fundada por un italiano en la mitad del siglo XX. En la actualidad, sus descendientes poseen sus propios viñedos y continúan con la tradición familiar: la producción de exquisitos Malbec, Pinot Noir y Semillón. La visita comienza con la observación de las máquinas en las que se depositan los racimos para obtener el vino blanco y el tinto. Luego, la excursión prosigue hacia los túneles donde se encuentran los enormes piletones. Allí se vierten los vinos y se dejan por meses enteros, hasta que alcancen el punto de fermentación requerido. El próximo lugar es la bodega, donde las bebidas se depositan en toneles a fin de que se mezclen con la madera y el oxígeno. El final de la visita consiste en una cata de productos en un salón perfectamente ambientado para la ocasión.
Las siguientes bodegas son Vinisterra y Baudrón, también en el área de Luján de Cuyo. En las modernas instalaciones de Vinisterra, la premisa más importante sostiene que la producción de sus vinos debe tener la menor intervención tecnológica posible. Por ello, las uvas son seleccionadas manualmente y así derivadas a tanques de acero inoxidable para su fermentación. Luego de varias semanas, el proceso continúa en toneles de madera de roble francés o norteamericano, donde el vino se añeja a temperaturas mas adecuadas. Baudrón, en cambio, es una bodega industrial. Sus viñedos se extienden al este de la provincia, y sus frutos constituyen la materia prima de las más deliciosas variedades de vino blanco y tinto.
Las visitas a las bodegas son, sin dudas, alternativas muy entretenidas y seductoras cuando de turismo en Mendoza se trata. Los tours de visitas a las distintas bodegas le darán al turista la posibilidad de conocer de cerca una de las industrias más apasionantes y tradicionales de la región.
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