Respecto del tema que ronda a la Iglesia Católica Mundial y particularmente lo ocurrido con las denuncias contra el sacerdote Fernando Karadima en nuestro país, creo importante aportar al debate un enfoque distinto, amparado en nuestra Historia.
Me toco en mi época de estudiante universitario, estar muy ligado a cierto grupo de sacerdotes, que componían parte de la elite de aquella época de finales de los ochenta. No viene al caso referirse a nadie en particular, pero mi relación con algunos obispos, ex cardenales y laicos, era a través de una Sociedad de Estudio de la Historia de la Iglesia Católica en Chile.
Recuerdo muy bien, que aquella época me fue muy útil en mi formación como futuro historiador, pues el convivir durante un par de años con aquellas mentes claras e inteligentes, de eruditos y algunos santos sacerdotes, no dejó de marcar en mí, la visión que actualmente tengo de la Iglesia Católica en Chile.-
En otros artículos publicados de mi autoría, hago referencia a la impronta que tiene la Iglesia Chilena sobre nuestra sociedad, es en este sentido, donde lo que ocurre hoy día con el polémico caso del sacerdote Karadima, marca el revuelo público.
Es común encontrar en la historiografía chilena datos anecdóticos sobre algunos devaneos de sacerdotes de antaño, recuerdo una novela clásica de un autor costumbrista chileno, que hacia mención de un pueblo “donde los hijos de las chinas, tenían los ojos del cura del pueblo”. No se trata de justificar en la habitualidad de hechos de esta naturaleza, que han ocurrido más de una vez en nuestra historia, los terribles acontecimientos que hoy día se comentan sobre Karadima, basta recordar al Cura Tato, al Sacerdote de Curacaví, al ex Obispo de La Serena Cox. Se trata de entender que el impacto de lo que ocurre en nuestra sociedad, es directamente proporcional a la presencia de la Iglesia y más que ella, a los valores cristianos tan arraigados dentro de nuestra sociedad. Cuando en otro artículo mencionaba, que el chileno por esencia es conservador, justamente me refería a estas materias morales, no es que los malos sacerdotes o aquellos sacerdotes que han usufructuado de su ministerio, para cometer todo tipo de aberraciones u ocultar sus desviaciones, sean una excepción dentro de lo que ocurre en el mundo hoy, o lo que ocurría en el pasado con la iglesia no solo en Chile, sino en el mundo, es que el efecto que tiene sobre la sociedad moralista y conservadora chilena es tan grande, como el terremoto de Febrero pasado. Podríamos decir, que un caso como el que se investiga del sacerdote Karadima, puede provocar un revuelo de similar magnitud sísmica en una sociedad como la nuestra.
Dentro de los muchos comentarios poco acertados, que más de un laico o clérigo han espetado estos últimos días, me quedó grabado el del Párroco de Reñaca- aristocrático balneario chileno- que al parecer pertenecía a aquella camada de sacerdotes, que se habían forjado al alero de Fernando Karadima, quien manifestaba su molestia por la cobertura mediática que tenía este caso, en virtud que habían otros casos, de sujetos que no eran de la Iglesia y que tenían una pobre cobertura periodística. Bueno, sin lugar a dudas, lo que trataba de decir el sacerdote en cuestión, era que estas acusaciones iban en contra de la Iglesia y que había una especie de concertación periodística en tal sentido.
Bueno, obviamente que hay quienes pueden interpretar esta situación en tal sentido, pero no pueden dejar de tener como marco de referencia ,lo que mencionaba anteriormente respecto de la impronta de la Iglesia Católica Chilena en las raíces morales de nuestra sociedad. Cuando ocurrieron los sucesos de denuncia por abuso sexual contra niños de algunos curas y un obispo norteamericano, el efecto de esos casos en la sociedad americana fue como una de las tantas réplicas que hemos tenido del terremoto en Santiago en el último mes, es decir, casi imperceptibles. El caso de los Legionarios y del Sacerdote Maciel caló muy hondo en nuestra sociedad, no porque existan denuncias contra sacerdotes Legionarios en nuestro país, sino por estos tienen una tremenda influencia a través de sus colegios y universidades en las elites de nuestra sociedad criolla y así y todo, independientemente que los abusos de Maciel fueron cometidos fuera de nuestras fronteras, la sociedad sintió como si hubieran ocurrido dentro de nuestras propias casas.
El fenómeno de la Iglesia católica que se está viviendo en Chile y el mundo, no es un hecho aislado o que no tenga parangones históricos, muy por el contrario, quienes son estudiosos de la Historia de la Iglesia, sabrán muy bien, que esto no es mas que una ventisca respecto de los temporales que sobrevivió la Iglesia Católica de antaño. La labor del Papa Ratzinger, ha sido más bien de purgar a la Iglesia en estas acusaciones sobre el ministerio sacerdotal y los actos de conductas impropias o inmorales de algunos de sus miembros, mas que de ocultar los hechos, como se acusa a su antecesor Juan Pablo II, que en defensa de su omisión por algunas acusaciones respecto del líder de los Legionarios no habría actuado. Cabe la duda de las capacidades de gobernar que tenía el Papa Wojtyła en sus últimos años de pontificado y la inacción del mismo Ratzinger, que detentaba el más alto cargo de la Jerarquía eclesiástica en materias de la Fe en esa misma época, que bien podría haber actuado contra Maciel y sus acusaciones.
Ratzinger es un Papa que no será muy recordado en la historia universal, no lo predigo, lo presiento. De hecho, refleja muy bien el sentido que inspiró el conclave de su sucesión- de buscar un Papa de transición-. Es inspirador pensar que bien eligió el nombre de Benedicto, me refiero al Nº XIV que fue un famoso Papa, muy ilustrado, que se le recuerda por 2 hechos anecdóticos pero que hablan muy bien de su personalidad, uno de ellos fue la desclasificación de uno de los libros de Galileo del catálogo de prohibidos y dicen, que cuando fue elegido y ante un cónclave que se extendía por 6 meses sin humo blanco, por la postulación reñida de 3 postulantes, se dirigió al los Cardenales y les dijo: si quieren elegir un hombre honesto, elíjanme a mi. Fue así como alcanzó el pontificado por 1 voto, que se extendió entre 1740 – 1748, es a este Papado que rememora Ratzinger y no el de Benedicto XV, que solo se le recuerda por su afición al tabaco, firmar la promulgación del Código Canónico que fue obra de su antecesor y morir de gripe.
Entonces, cuando digo que debemos abrirnos a un enfoque distinto frente a esta problemática, es necesario entender como opera en Chile el juego valórico de nuestra sociedad. Creo al igual que el Jesuita director de la revista Mensaje, que la Iglesia necesita purgarse, sacudirse de quienes han ocultado debajo de unas sotanas, un espíritu innoble. Lo repudiable de los casos de abusos deshonestos, pedofilia o faltas al celibato, que cometen algunos sacerdotes, está no solo en lo terrible de la falta, sino en la pérdida de la credibilidad de quienes aún, en nuestro país, representan un reservorio valórico, moral y porque no decirlo, de un sentimiento de protección social, que transmite la iglesia católica a través del Ministerio Sacerdotal. Por eso no estoy de acuerdo con el Párroco de Reñaca, que hace resaltar las diferencias de como los medios periodísticos enfrentan las causas de abusos, pedofilia u homosexualidad , que cometen laicos, frente a como actúan cuando los cometedores son Religiosos, sin lugar a dudas, la falta se multiplica geométricamente, pues lo que representa para nuestra sociedad el estado eclesiástico, o la curia en general, es tremendamente potente desde la perspectiva moral.
Lo que sucederá con la iglesia chilena y mundial tras estos malogrados episodios, no debería sorprendernos- el ocultamiento de los hechos, el bajar el perfil, el extrañamiento- han sido practicas comunes en episodios del pasado, no obstante, el perdón que la Conferencia Episcopal Chilena acaba de hacer con los abusados y víctimas del actuar repudiable de algunos miembros de su curia, no es un acto menor. Creo que la Conferencia Episcopal está haciendo la tarea que el Cardenal no ha sido capaz de hacer- predigo que pasara a la historia sin mayor reconocimiento de haber sido un mero testigo de estos penosos acontecimientos.
La Iglesia Chilena se fortalece con actos como los de la Conferencia Episcopal, no así los de algunos Obispos, que han apoyado ciegamente a su pastor caído, otros han hecho caso omiso de las denuncias por años y hay sencillamente quienes se han quedado callados. Creo que es el momento de hablar y no de callar, me quedo con el planteamiento del S.J.Antonio Delfau, Director de la Revista Mensaje, quién fue testigo de una de las denuncias contra el sacerdote Karadima, quién cree que esta purga traerá vientos de renovación de nuestra Iglesia y saldrá mas fortalecida.
Insisto, nuestra sociedad es conservadora y lo seguirá siendo por muchos años y la Iglesia mantendrá fuertemente su impronta sobre ella, también por muchos años mas, es necesario sincerar ahora y siempre las culpas que nos atrapan y no nos dejan avanzar. Los líderes de la Iglesia de hoy, sus Obispos y el Cardenal, deben, necesariamente asumir el liderazgo que les demanda la población, tal cual lo hizo durante la Dictadura a través de Cardenales como Silva Henríquez, de la Vicaría de la Solidaridad y de Curas Santos, como Monseñor Alvear, De Castro, Ahumada, Fuenzalida, González y tantos otros. Las defensas corporativas son destructivas dentro de cualquier institución, el mejor ejemplo es lo sucedido con nuestras fuerzas armadas, que tanto les ha costado recomponer su credibilidad, no se puede defender sin conocimiento de causa, la verdad es lo que debe siempre primar y el omitir, no opinar, marginarse o exiliarse, es un acto cobarde en momentos de valentía como los que vive la Iglesia, no solo en Chile, sino en todo el mundo el día de hoy. Esperemos que los líderes que asuman en nuestra Iglesia Chilena abran su mente y entiendan, que es una Iglesia de hombres, muchos imperfectos, pero una mayoría de una entrega y santidad que es necesaria y es parte de nuestra alma nacional. La iglesia chilena cumple también su Bicentenario, pues nace con la Patria, con curas como Camilo Henríquez, el Capellán Benavides en la Independencia, Marchant Pereira en la Guerra del Pacífico, el Padre Alberto Hurtado, no solo un hombre santo, sino un luchador social, el cardenal Silva y a todos esos curas, misioneros, religiosas, que se reparten en nuestra patria, entregándose al prójimo desinteresadamente y solo en el afán de servir su ministerio.
A los Católicos fervientes y a lo no tantos, deben mirar estos hechos con la altura de la fe con los gobierna y sin temor a equivocarse, por el contrario, este enfoque que les propongo, solo realza un dato no menor y es la tremenda fuerza y presencia moral de la Iglesia Católica en nuestro país, que se fortalece cada vez más cuando es capaz de denunciar y auto-reconocerse en falta. Más daño causa a la Iglesia el esconder la cabeza, el defenderse corporativamente, el omitir o no opinar, es justamente la acción contraria la que la va a fortalecer, dar la cara, ir de frente, mostrarse mas humana y unida no solo para defender a sus pares, sino también a quienes han sido ofendidos, no podemos estigmatizar a quien ha sido dañado, denostado o ha sufrido en manos de un miembro o representante de ella, es todo lo contrario, hay que escucharlo, ponerse en su lugar e investigar a como dé a lugar, la verdad en estos casos siempre prevalece, es por ello que hay que preguntarse frente al caso del sacerdote Karadima, ¿quien es el ofendido y quien el ofendedor?
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