Una de las cosas que más me llamó la atención de mi viaje a Grecia es lo extendida que está la explotación de la energía solar por todo el país. No me refiero a grandes huertos de paneles solares instalados por los municipios, sino a que cada casa, cada bloque, tiene su panel solar en el tejado en vez de una cubierta de tejas. Subes al monte Licabitos, ves la Atenas moderna a tu alrededor y en cada edificio un panel solar brilla en el objetivo de tu cámara. Recorres el país y al borde de la carretera hasta la casas más modestas tienen sus pequeños porches de madera y sus paneles de cédulas solar en el tejado.
En un país tan soleado y a la vez tan pobre es lógico que intenten aprovechar al máximo una fuente de energía que es gratuita, limpia y accesible. Y ahora mismo, en medio de la enorme crisis económica que les asola, los rayos del sol serán en esas viviendas un alivio para las economías domésticas.
No seguimos su ejemplo
Es una pena que en España, otro país soleado, no aprovechemos una de nuestras mayores riquezas naturales y no explotemos sus características. En cualquier comunidad de vecinos la instalación de paneles solares, aún sin subvención, se amortiza en aproximadamente 10 años, a partir de los cuales el agua caliente y la calefacción pasan a ser casi gratuitos. Asimismo cualquier chalet unifamiliar puede generar energía suficiente en su tejado para incluso ser vendida a la red general. La falta de conocimiento de esta posibilidad hace que sobre nuestros porches de madera haya teja, pizarra o más madera en lugar de paneles fotovoltaicos. Y es que presumimos mucho de ser el país del Sol pero luego renunciamos a sacar partido a sus posibilidades. Es algo para pensar.
