Última actualización:
February 8, 2012


La Atlantida: Relato De Lo Que Pudo Ser

La Atlántida: Relato de lo que pudo ser

 

Habíamos sido convocados para escuchar una conferencia que sería dictada por uno de los investigadores más destacados del siglo XIX, en todo lo relacionado con el estudio de las antiguas culturas, hoy desaparecidas, cuyo legado, por su trascendencia, permanece, desde sus orígenes, en el pensamiento colectivo de toda la humanidad.

 

La responsabilidad de darnos a conocer la personalidad de nuestro disertante recayó, como no podía ser de otra manera, en el sacerdote astrólogo egipcio, Shulem.

 

Ignatius Loyola Donnelly, nació en Filadelfia, en el año 1831, era hijo de humildes emigrantes irlandeses, que habían venido al nuevo mundo en busca de oportunidades que les resultaba imposible lograr en su patria.

 

Su padre había abandonado sus estudios para sacerdote y se instaló con una pequeña tienda, su sacrificada esposa cuidaba de los niños y el comercio, mientras él se inscribía en la escuela de medicina.

 

Una vez obtenido su título en medicina, el padre de Ignatius se dedicó al ejercicio de su profesión, con tan mala fortuna, que transcurridos unos dos años, uno de sus pacientes le contagió de tifus, causándole la muerte.

 

De manera que la infancia de nuestro disertante transcurrió en medio de grandes penurias y dificultades financieras.

 

Cuando la muerte de su esposo, la señora Donnelly, estaba embarazada de seis meses, no obstante, se mantuvo firme en la conducción del hogar, no volvió a contraer matrimonio, y se esforzó por inculcar en sus hijos el deseo de superación, poseedora de un firme carácter, implantó una férrea disciplina en el seno de su hogar.

 

Ignatius, se graduó en una prestigiosa escuela de enseñanza superior, deseoso de satisfacer los anhelos de su madre, dedicaba largas horas a la lectura y demostraba poseer un sorprendente talento como escritor.

 

Tres años más tarde, se graduó como abogado, más tarde se dedicó a la política, trasladándose con su esposa al Estado de Minnesota, donde llegó a ocupar el cargo de Vicegobernador.

 

Tres años más tarde ocupó un escaño en el congreso de los Estados Unidos.

 

En el año 1870, después de leer la novela de Julio Verne, veinte mil leguas de viaje submarino quedó tan impresionado con su lectura que dedicó el resto de su vida al estudio de la ciudad descrita por Platón al escribir los relatos de Timeo y Crítias sobre la civilización de los atlantes.

 

 

 

 

El resultado de sus estudios, que le han llevado a recorrer distintos lugares del mundo, cotejar una enormidad de documentos, comparar culturas, razas, religiones, y costumbres de las distintas civilizaciones, culminó con la publicación de un libro al cual tituló, La Atlántida: El Mundo Antediluviano.

 

Este libro se publicó en el año 1882, ha sido traducido en varios idiomas, lideró las ventas de libros en América y Europa por varios años, y su autor fue nominado como miembro de la Asociación para el Desarrollo de la Ciencia.

 

Este es apenas un brevísimo resumen de la proficua labor investigativa de nuestro disertante, nos explica Shulem, creo que ahora le podemos conocer un poco mejor, agrega, mientras invita al doctor Ignatius Donelly, a dar inicio a su disertación.

 

Mis estimados amigos, esta conferencia que voy a iniciar, tiene como objetivo el de poder exponerles algunas conclusiones, a las cuales he llegado, luego de una exhaustiva labor de investigación.

 

Algunas de mis afirmaciones, tengo la seguridad, de que les resultarán absolutamente nuevas, y, quizás, por qué no, algo difícil de digerir por un sistema digestivo aún no fortalecido como para soportar nutrientes tan fuertes y poderosas.

 

Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido.

                                                                                              Hebreos  5: 12

 

Como ya han tenido la oportunidad de leer los escritos de Platón, los cuales recogen la experiencia de Solón, un embajador griego que estuvo recorriendo el antiguo Egipto, y los testimonios aportados por Timeo y Crítias, para no ser tan recurrente, no abundaré en detalles que ya han sido suficientemente conocido por ustedes.

 

De manera que abordaré mi exposición planteando una serie de puntos en los cuales expreso mi sincera opinión con relación al tema que nos convoca en el día de hoy, cosa que hago con mucho agrado, con la finalidad de aportar algunas concepciones que a mi modesto entender, dejará absolutamente probado, lo siguiente:

 

1) Que antiguamente, en medio del océano Atlántico, en frente a la entrada del Mediterráneo, existía una isla que era el resto del continente atlántico y que fue conocida con el nombre de Atlántida.

 

2) Que la descripción de esa isla dejada por Platón, no es en absoluto un mito, como mucho tiempo se le consideró, ni tampoco una fábula fantástica, sino que constituye una verídica historia, prehistórica.

 

 

3) Que la Atlántida fue la propia tierra donde el hombre, por primera vez, se elevó por encima de la barbarie y alcanzó altos grados de civilización.

 

 

 

 

4) Que la población de la Atlántida, en el transcurso de innumerables  siglos,       desarrolló una nación numerosa y potente, cuyo excedente de población pobló de razas civilizadas las márgenes del golfo de México, las del Mississípi, las del río                 Amazonas, del océano Pacífico, de América del Sur, y por otro lado, el mar Mediterráneo, las costas de Europa Occidental, el Mar Negro y el mar Caspio.

 

5) Que la Atlántida no era otra cosa que el mundo antes del diluvio, como el Jardín de Edén o el Paraíso, como los Jardines de las Hespérides, o Los Campos de Eleusis, o Los Jardines de Alcino, del Ombligo del Mundo, como el Olimpo o Asgard, las tradiciones de los pueblos antiguos; todos, constituyen el recuerdo de un país donde los hombres, hace siglos y siglos, vivían en felicidad y paz.

 

El temor del Señor cayó sobre todas las naciones, por ser tan grande la obra del Señor que cubría a su pueblo.

 

Y el Señor bendijo a la tierra, y los de su pueblo fueron bendecidos sobre las montañas y en los lugares altos y prosperaron.

 

Y el Señor llamó Sión a su pueblo, porque eran uno de corazón y voluntad, y vivían en rectitud; y no había pobres entre ellos.

                                                                                  Moisés 7: 17 18

 

6) Que los dioses, las diosas y los héroes de los antiguos

Analista en Gestión de Empresas, Consultor en Economía,Líder Religioso,Teólogo,Administrador de Hospitales

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