Todo ésto sucede en países que pretenden tener una ética y una moral como fundamento de su legislación y que se sienten comprometidos ante los derechos humanos y la humanidad. Si los seres humanos queremos establecer una nueva relación con la naturaleza y los animales primeramente tendremos que preguntarnos cómo se ha llegado al menosprecio actual de los animales y a los abusos que reciben por parte del hombre. El principio ético que determina la relación del ser humano y la naturaleza resulta de la imagen antropocéntrica del mundo procedente de la forma de pensar judeo-cristiana. Cuán amenazante resulta ésto para el resto de los seres vivos en esta Tierra ya es anunciado en el Génesis con un cruel mensaje: “Imponed miedo y terror a todos los animales de la tierra, a todas las aves del cielo . . . todo cuando se mueve y tiene vida sobre la tierra os servirá de alimento”. Son palabras supuestamente dichas por Dios, aunque entretanto ya es conocido por todos cómo surgió la Biblia, no como inspiración divina directa, sino que en las Sagradas Escrituras en el transcurso de los siglos encontraron cabida todo tipo de ideas humanas. Un breve cambio en favor de los animales llegó con los primeros cristianos. Parece ser que muchos de ellos eran vegetarianos. Al fin y al cabo su maestro de Nazaret, el maestro del pacifismo, les había advertido de los peligros que conlleva tomar la espada. Al hacer esta advertencia no excluyó el cuchillo del matadero. Pero todo ésto fue olvidado rápidamente cuando el cristianismo llegó al poder en la época del césar Constantino pasando a ser posteriormente la religión del estado. Quien se negaba a matar animales era tan perseguido como los cristianos que se negaban a tomar las armas. Para la que en el transcurso de los siguientes siglos se fue estableciendo como Iglesia oficial, el hombre era la cumbre de la creación a quien la naturaleza y los animales tenían que servir. El amor por los animales de un Francisco de Asís pasa a la historia como un mero episodio ya que según el padre de la iglesia Tomás de Aquino los animales no tienen alma. Estas premisas ideológico-religiosas sellaron el miserable destino de los animales por casi 2000 años. Va siendo hora de salir de ellas, de volver al respeto de nuestros amigos los animales, según el ejemplo de Jesús de Nazaret en contraposición a lo que la Iglesia enseña, pues todo el dolor que les estamos causando queda grabado en nuestra alma, y recae como enfermedad, golpe del destino u otros sobre nosotros si no damos la vuelta a tiempo. El medio ambiente pide urgentemente frenar la descomunal producción de carne. Los animales se lo merecen, pues sí que tiene alma y sienten. Y cada uno de nosotros se sentiría más feliz y más sano orientando su vida a los valores internos, dignos de un nuevo tiempo.
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