Última actualización:
February 8, 2012


Paradoja Democrática: Desigualdad, Pobreza Y Exclusión

Una gran democracia debe progresar o pronto dejará de ser o grande o democracia

 Theodore Roosevelt (1858-1919) Político estadounidense

El siguiente trabajo se centra en el estudio y la operacionalización de los conceptos de la política moderna, reconociendo su capacidad para dilucidar conflictos, aunque considerando las dificultades que actualmente tiñen su accionar,  en una etapa donde su desprestigio  se acrecienta y la calidad de la democracia y sus formas de representación se ciñen en una aparente crisis.  

Primera aproximación a los Conceptos de  Pobreza y Desigualdad

Para poder abordar la vinculación entre la fortaleza o debilidad  de una democracia,  la distribución del ingreso y el nivel de pobreza, resulta necesario partir de las conceptualizaciones básicas de estos dos últimos  términos, difíciles de abordar en forma objetiva y completa,  por la existencia de una  variedad de enfoques para su tratamiento, a causa de las distancias subjetivas de quienes emprenden dicha tarea.

Estos vocablos, estrechamente vinculados, se aúnan en la llamada línea de pobreza, o indicador a través del cual se mide si el ingreso de un hogar puede satisfacer un conjunto de necesidades consideradas esenciales, entre las que se encuentran las de tipo alimentario y otras de tipo no alimentario.  La  indigencia representa un escalón  inferior, donde el ingreso no permite cubrir las necesidades energéticas y proteicas mínimas.

Empero, el fin de este análisis no reside en la exploración de los criterios conceptuales o metodológicos para disminuir la relatividad o subjetividad de ambos conceptos.   Por ello, servirá para este trabajo, las definiciones  precedentes que enmarcan razonablemente el planteo inicial.

Sí resulta un dato importante, que se desprende en los párrafos precedentes, que cualesquiera de estas conceptualizaciones no supera el primer escalón de la famosa pirámide de Abraham Maslow o de la menos famosa matriz de Max-Neef. Se refieren a necesidades fisiológicas básicas y apenas a algunas que logran colarse en el segundo estrado jerárquico, como salud y educación. Lejos queda la afiliación, el reconocimiento y la autorrealización en sociedades donde la pobreza se hace presente.

Este pequeño preámbulo permite rápidamente comenzar a admitir que una sociedad cuyas principales necesidades de alimentación, descanso, salud y educación no estén satisfechas, va a sufrir  fuertemente  las consecuencias en  su propio comportamiento,  pudiendo también impactar en la forma de gobierno y en la convivencia social.  Más aún, en un régimen donde, al menos desde el concepto primario e  inmaculado de democracia, todos sus miembros deberían ser libres e iguales. Como menciona Cándido Grzybowski, en su  texto Democracia, sociedad civil y política en América Latina: notas para un debate(1),  refiriéndose a la porción de las poblaciones pobres inmersas en una democracia: Al igual que todos los sujetos sociales, estos grupos necesitan tornarse democráticos en el proceso mismo por el cual se convierten en sujetos.

Para situar este análisis en una red que contenga los esbozos hipotéticos a plantear, se plasman los siguientes datos estadísticos sobre el factor pobreza, cuantificando una realidad alarmante que permitirá ser ancla para el entendimiento del binomio pobreza-desigualdad y su vínculo con la estabilidad democrática:

Existe alrededor de 1. 2 billones de personas viviendo con ingresos inferiores a un dólar por día en el mundo.

El África subsahariana posee la mayor proporción de personas viviendo por debajo de los umbrales de pobreza. En el antiguo bloque soviético, el umbral de pobreza ascendió  de 1. 1 millón en 1987 a 24 millones estimados en 1998. En 2003,  Latinoamérica contaba ya  con 225 millones de personas cuyos ingresos se situaban por debajo de la línea de pobreza. En quince países de Sudamérica, más del 25% de los ciudadanos vive bajo la línea de la pobreza, y en siete países la proporción de pobres supera el 50% de la población.   Más de la mitad de los países latinoamericanos no alcanzó aún el crecimiento requerido para reducir el nivel de pobreza extrema.

 Pobreza y Democracia

El intento por dilucidar el grado de  asociación entre estos dos conceptos ha sido materia de exploración de diversos profesionales. Michael Lewis-Beck, profesor distinguido de la Universidad de Michigan, y Ross Burkhart, Director departamental de la Universidad de Boise Statu, han arribado a interesantes conclusiones al respecto.  Estos estudiosos del tema, a partir de series temporales,  detectaron la existencia de una relación inversa entre democracia y pobreza.  A mayor pobreza, menor democracia o,  dicho de otro modo; países ricos mostrarían democracias más fuertes, mientras que aquellas naciones subdesarrolladas o en vías de desarrollo presentarían democracias más frágiles, quebradas o  sistemas de gobiernos con regímenes absolutistas.  

Estas conclusiones puede ser constantadas parcialmente de una muestra aleatoria de de naciones pobres y ricas.   Podríamos establecer una relación casi directa entre PBI per cápita (dejando por un momento la complejidad del término desarrollo) y nivel de calidad democrático. Esta exploración superficial otorga al menos una idea primaria: las democracias estables y desarrolladas ostentan en general un producto bruto interno per cápita de más de USD 1000.

Los vínculos entre desarrollo y democracia han sido estudiados desde mediados del siglo pasado. El sociólogo y político norteamericano Semour Martin Lipset, ya por el año 1959, en su libro El hombre político(2), argumenta que la riqueza favorece el surgimiento de la democracia, ya que más riqueza significa menos conflictos distributivos y por ende menos presión sobre el sistema político. La riqueza, sostenía,  también favorece el crecimiento de la base  la clase media y su educación, todo lo cual suaviza los conflictos sociales y genera una igualdad que favorece la democracia.

Otras conclusiones derivadas de los trabajos de la dupla de académico-investigadores Michael Lewis-Beck y Ross Burkhart son que, si bien el desarrollo económico conduciría a la aparición de democracias, éstas, por sí solas, no conducirían al crecimiento económico y a la disminución de la pobreza. Los bajos niveles educativos, característicos de grupos inmersos en la pobreza, imposibilitarían  las formaciones de miembros bien informados y predispuestos para la organización democrática.

También existen corrientes opuestas a la que propone Lipset, que anteceden el  concepto de estado democrático a la estabilidad económica e incluso lo ubican como requisito para lograr el crecimiento y la proilferación de la economía. El Fondo Monetario Internacional (FMI), en su informe Perspectivas de la economía mundial 2005 sostiene que la transición hacia instituciones económicas de buena calidad tiene mayor probabilidad de ocurrir en los países que son más abiertos, tienen una mayor obligatoriedad política de rendir cuentas () y están situados en la misma región que otros que cuentan con instituciones relativamente buenas.

Sea la democracia una consecuencia del bienestar económico o su antesala, de cualquier modo, todos los estudios coinciden en una relación directa: a mayor desarrollo, mayor democracia.

Estas ideas se condicen con las propias de los investigadores Clauss  Offe y Philippe Schmiter, de las Universidades de Humboldt-Berlín y Stanford-USA respectivamente, quienes analizan y bucean las paradojas y dilemas de la democracia liberal: La pobreza absoluta y las grandes desigualdades en cuanto a ingreso y estatus desalientan las formas de razonamiento político y la formación de aspiraciones políticas compatibles con la adopción y consolidación de la democracia(3).

Así mismo, la curva que explicita las  brechas entre los percentiles más ricos y los más pobres, si bien ha variado su tendencia mínimamente entre décadas (con períodos de muy leve decrecimiento), posee en promedio una

- EVANS, Peter. “El Estado como problema y como solución”, Desarrollo Económico, vol. 35, Nº 140. 1996. – SEYMOUR MARTÍN LIPSET, El Hombre político (1959), Editorial Tecnos, 1987. – PROGRAMA DE LAS NACIONES UNIDAS PARA EL DESARROLLO (PNUD) “La Democracia en América Latina: Hacia una Democracia de ciudadanos y ciudadanas”. Publicado en 2004 – LA TRIBUNA DE HONDURAS. http://latribunahonduras. blogspot. com/2005/09/pobreza-y-democracia. html – OFFE, Claus. Contradicciones en el Estado de Bienestar. Alianza Editorial. Madrid, 1990 – CLAUS OFFE Y PHILIPPE SCHMITTER. “Las paradojas y los dilemas de la democracia liberal”. 1995, Claus Offe y Philippe Schmiter. “Las paradojas y los dilemas de la democracia liberal”. – MANUEL ALCÁNTARA SÁEZ: “Luces y sombras de la calidad de la democracia en América Latina”. 2008 Revista de Derecho Electoral, N. º 6, Segundo Semestre 2008 – FREEDOM-HOUSE,  IDD, Indice de Desarrollo Democrático IDEA – Institute for Democracy and Electoral Assistance.


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